Zonas ZEC y ZEPA: navegar en un mar que también protegemos

Artículo escrito por Jesús Bellido, asesor científico de la Fundación Aula del Mar Mediterráneo (FAMM), coordinador de la Oficina del Comité Español de la UICN y especialista en conservación marina, ciencia ciudadana y educación ambiental.

El litoral andaluz está cambiando, y lo está haciendo más rápido de lo que pensamos. Este último verano, el Mediterráneo alcanzó temperaturas récord de hasta 26,7 °C, con olas de calor marinas que llegaron a afectar a más del 65 % de su superficie. No son datos aislados: son señales claras de un nuevo escenario ambiental que ya está dejando huella en nuestros mares y costas.

En este contexto, proteger no es una opción, sino una necesidad. Y ahí es donde cobran especial relevancia los espacios integrados en la Red Natura 2000, como las Zonas Especiales de Conservación (ZEC) y las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Mucho más que espacios protegidos

La Red Natura 2000 es la mayor red de espacios protegidos del mundo. En España, más del 27 % del territorio forma parte de ella, incluyendo una extensa red marina que en Andalucía supera los 60 espacios distribuidos entre el Mar de Alborán y el Golfo de Cádiz. Bajo la superficie, estos espacios albergan praderas de posidonia, auténticos bosques submarinos capaces de capturar carbono y generar oxígeno, fondos rocosos que sirven de refugio a innumerables especies, y corredores ecológicos esenciales para la reproducción y migración de fauna marina. Delfines, tortugas, aves marinas… pero también procesos invisibles que sostienen todo el sistema. Porque estos ecosistemas no solo tienen valor ambiental: sostienen actividades como la pesca, el turismo o la náutica. En realidad, sostienen nuestra forma de vivir el litoral.

Acantilados de Maro-Cerro Gordo están situados entre las provincias de Málaga y Granada

Un equilibrio cada vez más frágil

El problema es que ese equilibrio se está rompiendo. El aumento de la temperatura del agua está generando estrés en hábitats sensibles, mortalidad en organismos marinos y una reducción del fitoplancton, base de toda la cadena trófica. A esto se suman presiones bien conocidas: contaminación, desarrollo urbanístico o determinadas prácticas náuticas poco respetuosas. El resultado es claro: espacios que sobre el papel están protegidos, pero que en la práctica siguen siendo vulnerables.

Navegar sin dejar huella

Aquí es donde entra un mensaje clave: las ZEC y ZEPA no están para prohibir, sino para ordenar.

Navegar, bucear, observar fauna o disfrutar del mar sigue siendo posible. De hecho, debe seguir siéndolo. Pero con una condición cada vez más evidente: hacerlo bien. Eso significa, por ejemplo, evitar fondear sobre praderas de posidonia, respetar las zonas autorizadas, reducir vertidos y ruidos, o apostar por prácticas responsables en la pesca y el ocio.

De la protección a la acción

Sin embargo, hay un reto que no depende solo de los usuarios del mar. Designar un espacio como ZEC o ZEPA es importante, pero no suficiente. La verdadera diferencia está en la gestión: contar con planes claros, recursos adecuados y coordinación entre administraciones y sectores. Sin eso, la protección corre el riesgo de quedarse en una etiqueta sin impacto real.

Restaurar el mar que hemos perdido

La buena noticia es que el enfoque está cambiando. La Unión Europea ha dado un paso más con el Reglamento de Restauración de la Naturaleza (2024), que plantea recuperar al menos el 30 % de los ecosistemas degradados antes de 2030.

Esto no solo implica conservar lo que queda, sino recuperar lo que se ha perdido. Y ahí se abre un campo enorme de oportunidades: desde proyectos de restauración marina hasta el impulso de una economía azul más sostenible.

Un papel clave para el sector náutico

En este nuevo escenario, las marinas y el sector náutico tienen mucho que decir. Más allá de su función como infraestructuras, pueden convertirse en espacios de sensibilización, gestión responsable y conexión con el entorno. Informar, facilitar buenas prácticas y colaborar con la conservación no es solo una responsabilidad: es una oportunidad para liderar el cambio.

Porque el futuro del mar también pasa por quienes lo utilizan cada día.

Marismas del Río Piedras y Flecha del Rompido

 

Un nuevo contrato con el mar

Al final, la idea es sencilla, aunque no siempre fácil: no se trata de usar menos el mar, sino de usarlo mejor. Las ZEC y ZEPA no son barreras, sino herramientas para asegurar que el mar siga siendo un espacio de vida, de actividad y de disfrute. Un espacio que podamos seguir navegando, pero también heredando.

Porque proteger el mar no es solo una cuestión ambiental. Es, simplemente, una cuestión de futuro.

 

 

28

¡Compártelo en tu Red Social favorita!

Leave A Comment

cuatro × cuatro =